LOS MIEDOS

La desesperanza ha empezado a apoderarse de mí. Calcular cada paso que demos en el futuro y sentir la inseguridad de lo cotidiano.

En esta época del año muchos ya estamos pensando en campo, en playa, en las tardes con los amigos en la terraza de un bar. En las paellas con la familia. Y nada de eso es posible, de momento. Lo será.

¿Lo será?

No sabemos nada.

Hemos empezado a salir a pasear, y lo que vemos por la calle es gente que se salta las normas. Los que las cumplimos… miramos a los demás con miedo¿con rencor? necesitamos espacio, y no lo hay. Porque nunca lo hubo.

Ayer vi que van a marcar parcelas de 2×2 en la playa, con conos… está bien, yo no quiero que las piernas de nadie queden debajo de mi sombrilla, estar tan pegado al de al lado, que te llene de crema cuando se la pulverice a sus retoños(y viceversa). Pero, ¿de verdad me levantaré un domingo, cogeré los bártulos, e iré a Cullera, como hacía antes, arriesgándome a llegar y no tener mi cubículo de 2×2? Desde luego se terminaron las carreras de ancianos desocupados a primera hora de la mañana a plantar la sombrilla para no volver hasta las 12.

Me asfixia no saber qué pasará. Porque ya antes me agobiaba no saber qué pasaría mañana. Ahora no sabemos lo que va a pasar mañana, ni dentro de dos meses, ni dentro de un año. No podemos planificar. No podemos soñar. Solo recordar.

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