MALA NOTICIA, DÍA SOLEADO.

Cuelgo el teléfono. Me hago un ovillo en el suelo con la cabeza entre las piernas. Siento mi alma rota por dentro. Mi sobrino. Mi pequeño…no ha superado la inmadurez de ser prematuro. Debo salir. Las piernas no me acompañan. Tengo que ir a abrazar a mi hermana. Deshago el nudo en el que me he convertido y me visto con lo mismo que llevaba ayer.

Al salir del portal el sol de agosto me nubla la vista, mis ojos débiles no resisten tal ataque y se cierran. Cuando consigo acostumbrarme me doy cuenta de que he caminado de memoria hasta el borde de la acera. Pese a la manga corta, el sudor gotea desde mi frente.  Oigo risas. Un grupo de personas tomando cervezas en la terraza del bar. Todo está borroso.  Me siento en el coche y me abrazo al volante. Respiro hondo. Introduzco la llave y, al girarla, la canción “Color esperanza” me golpea como una bofetada. Bajo el volumen a la radio. La apago después.  Las risas vuelven a invadirme. Busco el botón para apagarlas…

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