FOOD-TRUCK

RELATO ERÓTICO

Photo by Tima Miroshnichenko on Pexels.com

Es mi día libre y he pensado hacer algo diferente. Hace unos meses que me atrae Nick, el guapo australiano del food track que hay junto a mi lugar de trabajo. Ambos tonteamos mucho, pero nunca me he atrevido a dar el paso. Ayer le dije que libraba y me propuso que lo visitara, que me echaría de menos si no lo hacía. Bajó de la furgoneta para mantener una conversación más cercana conmigo. Su pelo rubio y desaliñado brillaba bajo el sol; sus ojos verdes se volvieron más claros; su piel morena, incluso en este otoño triste, indica las horas que pasa en el mar surfeando. Me vuelve loca. Hace un par de semanas me propuso que fuéramos juntos a la playa, quedamos en la puerta de mi oficina, pero perdí el bus y lo vi marchar subido a su moto justo cuando llegaba. No pude decirle nada. Al día siguiente, ambos hicimos como si nada hubiera sucedido. Sin embargo, esta semana él estaba tirante conmigo. Supongo que pensó que le había dado plantón, y entiendo que se enfade, pero no hemos podido hablar tranquilos porque siempre me acompaña mi amiga Sole. Ayer, cuando lo tenía de frente, Sole se distrajo con una llamada de teléfono. Me mostré coqueta, rocé un par de veces su brazo, e incluso le apreté el hombro. ¡Dios mío, está buenísimo! Volví a la ofi con las bragas chopadas.

He decidido ir a por todas. Iré antes de que abra, así tendremos algo más de intimidad. Me ducho y depilo con mucho cuidado, bien rasurada. Me excito muchísimo al hacerlo, pensando, anticipando, que es para él.

Llego a las diez. Es buena hora. Sé que está dentro porque ya ha desplegado los toldos. Toco con los nudillos a la puerta. Despliega una gran sonrisa al abrir, al verme. Llevo un vestido negro con falda corta de vuelo, y unas medias negras sujetas con un liguero a mi cintura. El tanga, del mismo color, deja que la piel desnuda de mi culo sienta el aire frío. Me hace pasar, no evita rozarme los muslos al hacerlo, se ha quedado junto a la puerta y el espacio que queda entre ambos es reducido. Apenas cruzamos un par de palabras. El deseo en nuestras miradas es más que suficiente. Me abrazo a su cuello y él desliza sus grandes manos rodeando mi cintura, sin dejar de mirarme a los ojos. Ya me siento mojada, cuando mete su lengua en mi boca, creo que voy a explotar. Le quito la camiseta, necesito verlo desnudo. Acaricio su cuerpo, lamo sus pectorales y bajo hasta sus oblicuos, a los que me agarro con fuerza cuando él me sube sobre sus caderas. Percibo su sexo duro entre mis piernas. Me apoya sobre el mostrador. Me sube el suéter, y con la boca y un solo dedo aparta el encaje del sujetador. Lame y succiona mis pezones con fuerza. Gimo de placer. Lo abrazo hacia mí, deseo que me folle. No tengo preservativo… me dice. Su voz, ronca por el deseo, me hace vibrar. Baja despacio por mi pecho, mi cintura, y lame con cuidado mis muslos mientras aparta con el dedo mi ropa interior. Gimo de placer cuando su piel roza mi sexo, que segundos después envuelve con su boca. Lame, lame, chupa y succiona. Introduce dos dedos dentro de mí. Arqueo la espalda. Estoy a punto de estallar. Se retira para mirarme, sus ojos verdes frente a mí, yo enardecida de placer. Agarro su pelo con fuerza y lo guío hasta la entrada de mi vagina. No pares, le ordeno. Envuelve mi sexo con sus labios calientes, con su aliento ardiente, con su lengua húmeda. Chupa, succiona y lame una y otra vez, moviendo sus dedos dentro de mí. Grito de placer y me dejo ir. Quiero que me haga suya. No quiero que esto termine aquí, pero son las once y tiene que abrir.

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